Siglos

¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas y el jazz?

¿ Qué fue del siglo XX?

¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del “no pasarán”?

Ya se  han quedado atrás…

¿Qué fue del siglo XX?. Estribillo (091, banda de rock español)

 El vocalista, con voz desgarrada pero con su deje de melancolía, sigue preguntándose qué fue de ello, dónde están “las guitarras eléctricas y el LSD, los uniformes fascistas y Juan XXIII, la Beatlemanía o la foto del Che / Un Rolls, un picasso, un misil nuclear, los duros de Franco, los hermanos Marx, el libro de Mao ¿recuerdas Vietnam? / El hombre en la luna y el apartheid, obreros en lucha y el gran Elmore James, la caza de brujas, la sota y el rey / Sé que E es igual a mc al cuadrado (E=mc2), sé que Minnie es la novia de Micky Mouse, sé que tú, sé que yo, estamos desesperados”, y vuelta al estribillo: “¿Qué fue de King Kong…” En fin, una foto-radiografía del siglo en cuatro líneas que no la supera ni el Nobel Günter Grass en esa su colección de cien relatos intercambiados consigo mismo que es “Mi siglo”, antes de enredarse a desgajar los episodios de su vida en “Pelando la cebolla” y acabar descubriendo su autoinculpado pecado de juventud. Sigue leyendo

Martillos

Supongo que es tentador, si solo tienes un martillo, tratar a todo como si fuera un clavo” (Abraham Maslow)

 Puede resultar en verdad tentador, a más de desahogado, intentar explicar y solucionarlo todo con una sola herramienta con la que nos sintamos cómodos o familiarizados, sea ésta un martillo, una teoría, idea, prejuicio o creencia. Sirva como metáfora de la actualidad el citado aforismo, una proposición atribuible a Mark Twain (incluso a Oscar Wilde) que Maslow popularizara y que su tocayo, el filósofo conductista Kaplan, la acabaría expresando más gráficamente si cabe: “si le das a un niño un martillo, le parecerá que todo lo que encuentra necesita un golpe”. En cualquier de sus formas nos estamos refiriendo a lo mismo, la conocida en psicología como ley del martillo que luego se etiquetara por lo fino como Observación de Baruch, en honor a Bernard Baruch de los Baruch de toda la vida. Sigue leyendo

Catarsis

Lo tan real, hoy lunes” (Jorge Guillén)

 Quién hubiera sospechado siquiera que en este comienzo de la primavera seríamos forzados a contemplar en primera línea (en vivo y en directo) la inauguración de este nuevo siglo, bien que con dos décadas de retraso, mediante el sencillo gesto de desviar la mirada del televisor y sus mundos de Yupi, estirar el cuello y asomar la molondra por nuestras ventanas con vistas directas a la realidad. Espectadores de una sobrevenida y desconcertante adversidad reconvertidos a su vez en sus desconcertados protagonistas o, por mejor decir, coprotagonistas condenados a contemplar la escena sin movernos de los asientos, disciplinadamente dispuestos a verlas venir. Sigue leyendo

Disonancia

Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía  de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humanos” (Albert Einstein)

 Me madrugo transitando la angosta carretera que cruza las aguas de una de las tantas marismas cantábricas, mientras despunta uno de esos radiantes días de sol de este extraño invierno en el que febrero (no ya marzo) mayea. Un perfume salobre acompaña a la brumosa bajamar que busca esfumarse por entre las serpenteantes lenguas de tierra e islotes de marjales que el brezo marino tapiza de un verde rojizo. Las lavándulas ya florecidas jaspean en lila una vegetación marismeña que va abriéndose paso entre rodales, hasta dar contra la cortina de cañas parduscas de los difuminados bordes cañaverales. En los canales, entre bandadas de gaviotas patiamarillas, una pareja de cormoranes presentan su estilizado perfil con las alas abiertas en uve y al otro lado, ya en zona intermareal, patos y garzas componen el ritmo del tiempo reverberando sus graznidos nasales… Como contrapunto a tal estridencia, en una suerte de polifonía, suenan solapados dentro del coche los primeros violines del Canon en re mayor de Pachelbel, el aire se tensa impelido por la gravedad del obstinado chelo y algo en mi interior se desborda. Aparco a un lado y subo el volumen de la música al mismo tiempo en que las garzas reales emprenden su altivo vuelo. Cierro los ojos para pensar si no es que por un momento haya perdido la noción de la realidad abrumado ante tanta belleza. Sigue leyendo

Olivos

Campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos” (Antonio Machado)

 Este pasado otoño, con la excusa de disfrutar unos días visitando el monumental conjunto renacentista de Úbeda-Baeza, he podido aprovechar para recorrer de nuevo, despaciosamente, los vastos paisajes que en un tiempo ya lejano dejaran honda huella en mi recuerdo, rastros que ahora ansío recuperar. Vuelvo así a transitar los caminos de ese otro sur interior, en largo discurrir por entre los anchos parajes donde la niebla tenue del alba desdibuja los sinuosos perfiles delineados por colinas salpicadas de blancos cortijos machadianos, difuminando en plata la geometría verde y oro de sus olivos centenarios. Un panorama de belleza recurrente, diluido en esa luz vaporosa que tiñe de acuarela impresionista su ondulante sensualidad, a la vez agreste y sutil. Sigue leyendo

Mañana

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida” (Woody Allen)

 Un día más me he levantado con la emocionada intención de volver a ser feliz tal como creí haberlo sido en un pasado soñado, enfrentarme con júbilo a ese único futuro tangible que es el hoy o, como mucho, un mañana donde quepa la eternidad entera. Algo habrá tenido que ver el que estas últimas semanas me las haya pasado recobrando -más que buscando- mi propio tiempo perdido, inmerso en el universo proustiano mientras leía los ¡siete tomos! de esa su novela-catedral1, la cual -por si cupiera alguna duda- me ratifica en algo que, no por intuido, conviene tenerlo siempre bien presente: que todo es finito, que el universo y la perpetuidad caben en una brizna de hierba o que solo nuestros sueños e ilusiones pueden aspirar a la eternidad. Una infinitud sustentada en la esperanza de que perdure al menos este fin de semana, o sea, mañana. Sigue leyendo

Apocalipsis

La gente dice que deberíamos dejar un planeta mejor para nuestros hijos. Es cierto, pero también es importante dejar unos hijos mejores para nuestro planeta” (Clint Eastwood)

 En el Libro de Joel el profeta (menor) sitúa el Juicio Final en el valle de Cedrón, también llamado de Josafat -a las faldas de la ciudad vieja de Jerusalén- donde el fin del mundo será anunciado con un atronador sonido de trompetas que los ángeles fieros tocarán para despertar a los muertos (ya van por encima de los cien mil millones, mal contados) que desfilarán por entre las tinieblas, en ingente marea de una humanidad culpable, bajo una lluvia de fuego; un escatológico día de la ira ratificado siglos después por autoridad de mayor rango en el Apocalipsis, atribuido nada menos que a San Juan. Hoy, en este mundo globalizado y posmoderno, ese siniestro oficio de los antiguos profetas que se relamían anunciando toda suerte de calamidades reservadas para nuestras postrimerías lo desempeña de manera inquietante una tal Greta y, con algo más de enjundia, lo vienen pronosticando los hombres (o las mujeres) del tiempo, a más del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) en las proyecciones publicadas en su famoso Informe Especial sobre Calentamiento Global (SR15) del pasado año. Sigue leyendo

Plumeros

Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su casa ” (Ernesto Sábato, Uno y el Universo)

 Durante las prolongadas estancias en el estudio-despacho que se encuentra en la primera planta de la casa, testigo de mis lecturas, escrituras y elucubraciones varias, siempre tomo la precaución de tener a mano (atravesado al sobaquillo, bajo la axila izquierda) un plumero. Al menor indicio de que mi santa (esposa) se dispone a subir por las escaleras, agarro maquinalmente el utensilio por el mango y me pongo en modo automático a pasar distraído -como el que no quiere la cosa- el pompón por sobre la mesa, la biblioteca o las paredes, en un afectado gesto por aparentar ante sus ojos estar haciendo algo de provecho y así evitar su más que probable reproche. Con el tiempo le he ido cogiendo el tranquillo al asunto y hoy es el día en que, aún absorto por ver de desestructurar a un estructuralista o intentando estructurar a un desestructurado, simultánea e inadvertidamente le voy quitando las telarañas al techo. Sigue leyendo

Hogar

Europa no es un lugar, sino una idea” (Bernard-Henri Lévi)

 Cuando visito un lugar me gusta pensar que no pertenece a nadie. Bien es verdad que conozco parajes (de la Europa no anglosajona, esencialmente) envueltos en una atmósfera tan familiar que los siento propios, los reconozco como mi hogar. Todos tenemos una idea de Europa y la mía cabe remedarla poéticamente a modo de un sencillo plano-secuencia (trasunto de toda su complejidad) filmable en apenas tres minutos sobre un escenario con estos o parecidos personajes: me encuentro en la terraza de un cafetería con solera cultural en cualquiera de sus tantas ciudades históricas (Roma, París, Praga, Viena, Lisboa, Budapest…) degustando sosegadamente un expreso muy aromático, en tertulia más o menos ilustrada con algún amigo o recién conocido, da igual; flota en el ambiente un leve murmullo de conversaciones en tonos sumamente modulados, mientras observo de pasada (casi sin querer) cómo una joven y atlética runner frena su carrera para introducir el chicle en una papelera, al tiempo que otros viandantes de diferente edad y condición se ceden educadamente el paso. Fin de la toma. Sigue leyendo