Hogar

Europa no es un lugar, sino una idea” (Bernard-Henri Lévi)

 Cuando visito un lugar me gusta pensar que no pertenece a nadie. Bien es verdad que conozco parajes (de la Europa no anglosajona, esencialmente) envueltos en una atmósfera tan familiar que los siento propios, los reconozco como mi hogar. Todos tenemos una idea de Europa y la mía cabe remedarla poéticamente a modo de un sencillo plano-secuencia (trasunto de toda su complejidad) filmable en apenas tres minutos sobre un escenario con estos o parecidos personajes: me encuentro en la terraza de un cafetería con solera cultural en cualquiera de sus tantas ciudades históricas (Roma, París, Praga, Viena, Lisboa, Budapest…) degustando sosegadamente un expreso muy aromático, en tertulia más o menos ilustrada con algún amigo o recién conocido, da igual; flota en el ambiente un leve murmullo de conversaciones en tonos sumamente modulados, mientras observo de pasada (casi sin querer) cómo una joven y atlética runner frena su carrera para introducir el chicle en una papelera, al tiempo que otros viandantes de diferente edad y condición se ceden educadamente el paso. Fin de la toma. Seguir leyendo “Hogar”

Travesía

Toda forma de belleza tiende a ser violada ” (Rafael Arozarena, Mararía)

 En el transcurso de este verano he culminado, sin habérmelo propuesto, un periplo paralelo al que Michel Houellebecq le hace protagonizar al obsesivo Florent-Claude Labrouste, álter ego y protagonista de su última novela Serotonina. Un itinerario que, partiendo de las soleadas playas del Mediterráneo, atraviesa España en tan solo dos etapas para seguir recorriendo Francia de sur a norte hasta llegar a París y acabar recalando en las costas de esa Normandía donde, hace ahora setenta y cinco años, renació la Europa actual. En el libro, el recorrido le sirve al autor para desplegar con lúcida desesperanza una crónica despiadada de la decadente sociedad posmoderna; en mi travesía, por el contrario, el único empeño ha consistido en mantenerme muy atento a los aspectos menos venales -y banales- de las cosas,  hurgar en recónditos intersticios donde cupiera ocultarse alguna forma de belleza inviolada. Seguir leyendo “Travesía”

Ayer

No hay nada que envejezca más a una mujer (mayor) que vestirse de joven” (Carolina Herrera)

 Hace algunas semanas se celebró en mi antiguo y querido colegio nada menos que el 50 aniversario (bodas de oro lo llaman) de mi promoción de bachilleres y tuve así la ocasión de volver a vivir en directo mi propio ayer. Al tiempo de acudir a la cita mi memoria ya había rescatado unas sencillas frases musicales de Ayer y Hoy, aquella evocadora canción (música chicle que se me había quedado pegada) de cuando entonces: Hoy he vuelto a buscar nuestro amor / hoy he vuelto a buscar tu calor / El paisaje es el mismo / mas tu ya no estás / no podremos volver atrás, y proseguía El cielo sigue siendo azul / igual que cuando estabas tú… Para el caso, unos versos ingenuos pero sugerentes que invitan a tratar los recuerdos del pasado con una cierta añoranza sin llegar a caer en la nostalgia, su triste fruto. Rememorar el ayer desde ese punto justo de melancolía que hace que puedas valorar como el mayor de los tesoros todo lo que aún te queda por vivir. Seguir leyendo “Ayer”

Desfases

El aburrimiento da la capacidad para experimentar el presente” (Martin Heidegger)

 Recuerdo como si fuera ayer una anécdota, acontecida allá por los años 70, de esas que bien merecen ser elevadas a categoría. En una visita familiar de unos parientes más o menos lejanos, mi padre le inquiere a un medio primo suyo (con un cierto grado de deficiencia o minusvalía mental) por la razón que le lleva a lucir en la muñeca un reloj que no funciona. La respuesta que escuché en primera persona, y que aún guardo en la memoria, es digna de Petronio (el que fuera nombrado por Nerón consejero de estilo o árbitro de la elegancia): “No, no funciona, pero hace bonito”. Desde que Marcel Duchamp hubo estampado su firma sobre un mingitorio y lo re-significara como Fuente, no había conocido de cerca un ejemplo tan preclaro de iconoclasia y, por ende, de modernidad. Origen y ejemplo de ese ready-made –arte u objeto encontrado- de las vanguardias y antecesor, más que preludio o antecedente, del desfase posmoderno que hoy nos confunde. Seguir leyendo “Desfases”

Boinas

El hombre es un mono con ínfulas¹” (El mono calvo)

 Desde que hace un millón de años un macho de primate se coronara a sí mismo con los cuernos de un búfalo prehistórico –pelorovis antiquus– representando de esta forma su poder sobre el grupo, derecho de pernada incluido, todavía no hemos parado. Los vestigios de esa atávica costumbre de prolongar el cráneo como un distintivo jerárquico aún perduran: la mitra, el bonete, el kipá, la tiara, el solideo, la corona, el sombrero… y por ahí todo seguido hasta terminar en la humilde boina capona, ésta ya relegada a su original y utilitaria condición de calentar las molleras. Al alimón, resulta fácil imaginar a la hembra del simio dominante desplazándose apenas erguida sobre dos patas ¿piernas? por el gran valle del Rift, detenerse ante un ananás y arrancar una piña para enjaezársela en lo alto del tarro al tiempo que, balanceando las caderas, le dibuja un mohín de gata al cornúpeta de tan recién estrenada prosapia. Seguir leyendo “Boinas”

Portazos

Odio a los hombres que temen a la fuerza de las mujeres” (Anaïs Nin)

 Hace unos días acudí acompañado por mis chicas (la santa esposa y mi queridísima hija) al teatro Bellas Artes de Madrid para presenciar “La vuelta de Nora”, la obra más aplaudida de la temporada en Broadway, flamantemente convertida en una referencia del feminismo inteligente en los círculos más avisados de nuestra sociedad. Confesada secuela, en modo continuación, de la mítica obra de Henrik Ibsen “Casa de muñecas”, escrita hace la friolera de 140 años. El montaje actual comienza donde ésta terminaba, con una llamada a la misma puerta que Nora cerró de un portazo quince años atrás justo antes de que cayera el telón, abandonando de ese modo su casa, a su marido, sus hijos y su niñera en un último y desesperado intento por encontrarse a sí misma. Eso, para empezar o, por decirlo castizamente, para que te vayas con los soldados. Seguir leyendo “Portazos”

Cuerpos

“Mi cuerpo, implacable topía1 (Michael Foucault)

 Mediados los años 60 del pasado siglo, el influyente pensador Foucault nos ofrecía, por lo fino, un estructurado análisis en el que contrastaba la inexorable –implacable- y familiar presencia –topía/lugar- de nuestro propio cuerpo y su autotransformación en un utópico lugar fuera de todo lugar –cuerpo sin cuerpo- al que por ello mismo le es dado protagonizar todas nuestras quimeras: un cuerpo (ya sin figura propia) transfigurado a nuestro antojo como bello, límpido, transparente, luminoso, veloz, potente, eterno, desatado, protegido…, y en ese plan. Por esas mismas fechas, un torero llamado Manuel Benítez –El Cordobés- triunfaba en los ruedos y años después, ya retirado, nos ilustraba (éste, a lo bruto) con su particular visión sobre esa misma ontología del ser corporal: “Es mentalizarse y quererse de verdad, sano, ese cuerpo, tener potencia, ser feliz, quererte tu mismo a quererte tu mucho, porque quiere también al que tiene a tu lado y todo sale de verdad, de deporte” (sic). El alegato se contiene sobre una sintaxis manifiestamente mejorable pero su mensaje resulta difícil de superar por verosímil, una revelación en la que se le transparenta todo, llegando a traslucir un alma inocente. Todavía hoy, a sus 83 años, se le sigue recordando como El Cordobés, ese cuerpo. Seguir leyendo “Cuerpos”

Miedo

“Me da miedo la gente en general, sobre todo cuando se junta” (Albert Pla)

 Hace unos días acudí al teatro Arriaga, en ese nuevo Bilbao que antes fuera villa de lluvia y neobarroco, para asistir a la representación de “Miedo”, el último espectáculo musical del citado Albert Pla, uno de los pocos artistas auténticos (en el sentido de genuino) que aún se pasean por los escenarios sin dejarse llevar por las modas, con esa agraz y personalísima mezcla de hombre-niño transitando por entre los límites de la locura y la genialidad, capaz de enarbolar su personal anarquía (abanderado sin bandera) mientras aparenta divertirse chapoteando sobre los charcos de lo políticamente incorrecto. Un excepcional diamante en bruto (calidad gema) que no alberga intención de ser pulimentado ni venderse en almoneda, un rara avis en peligro de extinción y, por ello mismo, un personaje imprescindible. Seguir leyendo “Miedo”

Sectas

Los fanáticos crean un ensueño y lo convierten en el paraíso de su secta” (John Keats)

 Sabemos que el tamaño del cerebro humano ha ido aumentado de forma gradual y constante en los últimos tres millones de años y, en su evolución, el córtex (donde radica la inteligencia) se fue sobreponiendo paulatinamente a los primitivos bulbos del sistema límbico (que gobiernan nuestras emociones) y nos emparentan con el Australopithecus, por no decir con las lagartijas. Aún así no se ha llegado a una fase evolutiva suficiente como para evitar que los humanos nos conduzcamos por prejuicios, que nuestras decisiones o afiliaciones (y consecuentes filiaciones) no se fundamenten en razones, sino en propensiones emocionales que luego (solo a posteriori) intentan racionalizarse. Nos encontramos por ello en un estadio de la evolución en la que los individuos de nuestra especie, definidos aristotélicamente como animales racionales, más bien seamos unos animales emocionales intentando (con desigual éxito) convertirnos en racionales. Seguir leyendo “Sectas”

Solsticio

La primavera del espíritu florece en invierno” (Antonio Porchia, Voces_1943)

 Como cada año, en la noche de luna llena del pasado veintiuno de diciembre el sol volvió a aquietarse un instante al alcanzar su máxima declinación correspondiendo en nuestro hemisferio con el solsticio de invierno, un fenómeno astronómico a partir del cual comienza a abrirse a modo de péndulo ese compás de la luz con el que definimos el tiempo y el espacio. Desde hace algunos años me embarga un impulso ancestral por acoplar esas pautas a las pulsaciones de mi particular ritmo interior, la sentida necesidad de incorporar la naturaleza a la propia vida por lo que, una vez vencidas las Navidades, me detengo a observar regularmente cómo en el jardín el sol va mordiendo día a día la oscuridad con una cadencia muy precisa mientras, desprevenidamente, la luz se desliza hacia los setos del cercado hasta finalizar su conquista, allá por el veintidós de marzo, con la llegada del equinoccio de primavera. Un logro que festejo como si de una victoria propia se tratara, desde la íntima convicción de que solsticios y equinoccios son los hitos que marcan la vida en la naturaleza (el nacimiento, el crecimiento, la madurez y la muerte, que conlleva la regeneración) simbolizando así la constatación del eterno círculo de la existencia. Seguir leyendo “Solsticio”