Belleza

«Contemplé tanto la belleza, que mi vista le pertenece» (Constantino Cavafis)

Siendo muy joven -sombrías primaveras de la pubertad- la tentación la tenía clavada con chinchetas en la pared de mi cuarto, transfigurada en una foto de Brigitte Bardot (la hermosísima Camille de Le mépris, aquella obra maestra de Jean-Luc Godard que, años después, llegaría a visionar repetidamente en uno de los tantos cineclubs que fueran refugio de mi juventud). Después supe que la Belleza (así, con mayúscula) entendida como ese intento de control duradero de los signos propios de la adolescencia, era una cosa de los griegos (para el caso plasmada en Afrodita, diosa del Amor nacida de las olas) y cuyo trasunto romano en forma de Venus -la virginal e “impúdica” Venus de Itálica– pude contemplar con el arrobo del neófito en el Museo Arqueológico de Sevilla, a la sombra neoplateresca -belleza sobre belleza- del Pabellón de las Bellas Artes (también llamado Palacio del Renacimiento) en la Plaza de América del Parque de María Luisa.

Seguir leyendo

Seducción

«¿Quién no escribe para gustar a las mujeres?» (Lord Byron)

Tengo para mí que la seducción primera -la genuina- es la que te ioniza los sentidos atrapados por esa especie de aura magnética que irradian ciertos seres privilegiados ahormados sobre un esqueleto de pantera y a los que vemos deslizase por esta selva de asfalto con ademanes que -aun sin pretenderlo- desprenden una elegancia natural muy sutil, gestos que en sus cadencias parezcan seguir los acordes de una afinada partitura musical (las Audrey Hepburn, Ava Gardner, Ingrid Bergman, Marilyn Monroe… por citar solo algunos ejemplos del canon femenino clásico). Afortunadamente, mitos aparte, sus réplicas terrenales te las puedes encontrar cualquier día, sea sentadas frente a ti en el autobús con la mirada soñadora puesta en uno de esos perturbadores poemas “escritos con la uñas” por la bella Joumana Haddad o bien en actitud distraída esbozando divertidas muecas con la boca mientras escudriñan el móvil acodadas en la parada del metro, cuando no te las cruzas haciendo la compra en el supermercado del barrio.

Seguir leyendo

Bofetadas

«Era la bofetada que necesitaba para despertar» (Anónimo)

Evitaré comentar por insustancial, a más de cansino de tan manido, el hollywoodiense soplamocos viral acaecido durante la entrega de los últimos Óscar, al tiempo en el que Europa aún no había asimilado el shock provocado por esa otra bofetada ruso-putiniana, ésta ya más parecida a un inesperado guantazo dado a la remanguillé en sus -suyas y nuestras- propias narices. Ambos sucesos me pillaron escribiendo un relato en el que, casualmente, traía a colación la pequeña anécdota de otro sonoro sopapo con la subsiguiente cara de sorpresa que -años ha- se le puso a un youtuber cuando, en plan graciosillo, no se le ocurrió otra cosa que abordar a bote pronto a un menda que por allí pasaba llamándole “cara-anchoa”, mientras grababa la supuesta broma con cámara oculta (una más de las tantas estupideces así llamadas contenidos que, de forma inmisericorde, saturan las redes). Por esa vez, bien que a su costa, la cosa resultó más divertida de lo esperado: el susodicho -un repartidor que en esos momentos se encontraba currando- no pareció con ánimo de reírle la gracia a semejante sinsustancia y reaccionó estampándole un tortazo en toda la cara ¡Plaf! 

Seguir leyendo

Macarras

«Te voy a meter dos yoyas que te van a entrar las otoplastias en resonancia, mascachapas” (Anónimo)

Cuando hoy, viendo al Putin, vengo en recuperar la imagen de lo macarra el primer flash que asalta mi memoria me retrotrae a finales de los ochenta, presenciando con mi joven mujer la adaptación teatral de Makinavaja, el último “choriso” (dicho así, con esa suavidad aportada por una descolocada y sensitiva “ese”) en un por entonces desvencijado Infanta Isabel de la calle Barquillo, escenario pintiparado -por su aire decadente- donde representar esa visión ácida de un mundo que Ivà ya antes hubiera plasmado -formato comic- en sus tiras semanales de El Jueves. Reflejo en clave de humor de un universo de bajos fondos en el que el Maki -un entrañable maleante romántico con tupé- junto a sus colegas Popeye y Mustafá, luchan sin esperanza por sobrevivir en la selva del asfalto de una sociedad encanallada. Luego vendrían las versiones en el cine, la televisión… pero ya en modo business, como un producto comercial más empaquetable y -por ello- menos genuino.

Seguir leyendo

Novias

Una etiqueta no define una relación, pero podría ser el comienzo de todo” (Blog Ok Chicas)

Cuando me sobrevuela algún pensamiento (por absurdo o disparatado que pueda parecerme en ese momento) que, al tiempo, lleve aparejada una frase que suene más o menos redonda, inopinadamente la suelo escribir con lo primero que encuentro a mano (a falta de un móvil que no uso). Hace unos días, tomando un café especiado en una terraza al resol de este exótico invierno y mientras observaba casi sin querer cómo, en la mesa de al lado, una abstraída pareja mostraba al mundo su embeleso entre arrumacos y carantoñas, dejé escrito en el sobrecillo del azúcar esta, en apariencia, colosal gansada “La vida solo vale la pena vivirla si tienes novia” y, sin más averiguaciones, me lo metí en el bolsillo del abrigo. Hoy lo he recuperado y, al releerlo, aprecio que el sobre ya llevaba impreso su propio aforismo -éste sí, ornado de una mayor enjundia- en la reconfortante cita del “picaresco” Mateo Alemán (1547-1613): “La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu”. Exacto, me dije, hablemos -pues- de novias.

Seguir leyendo

Nasciturus

 “El problema de nuestros tiempos es que el futuro no es lo que solía ser” (Paul Valéry. El cementerio marino, 1920)

Luego vino Cantinflas para decir casi lo mismo que el escéptico Paul, pero ya en modo gracioso: “Lo malo del futuro es que no se sabe”. Para empezar, desde un punto de vista probabilístico -como en aquella candorosa canción de Marisol- la vida es una tómbola (tom-tom tómbola, de luz y de color…) y hay que tener mucha pero que mucha potra para que tu boleto sea uno de los agraciados en la rifa. Tan es así que, según cálculos recientes realizados en la Universidad de Harvard, la probabilidad de nacer tal como somos, portadores de un genoma sin par con sus -todavía hoy- intransferibles e imperfectas perfecciones (esas orejas, esos ojos, esos andares… entre otros tantos y tan particulares trastueques) vendría a ser algo así como poner a jugar a dos millones de personas con un dado de mil billones de caras y que todos sacaran el mismo número: una casualidad inconcebible, por no decir un milagro.

Seguir leyendo

Inmortalidad

 “Nuestra alma es biodegradable, pero el plástico es inmortal” (M. Vicent)

Exceptuados los mil años del medievo (y a los no pocos que aún siguen en él) durante los cuales fuimos inmortales por obra y gracia de la taumatúrgica posibilidad de salvar nuestra alma con la sola condición de cumplir ciertos preceptos, no habíamos vuelto a tener semejante oportunidad hasta hoy en que tal ensoñación vuelve a aparecer como una posibilidad al alcance de la mano, pero esta vez bajo el requisito de salvar el propio cuerpo. Fiel a esta nueva religión, he iniciado su laica liturgia tuneándome la cadera y me temo que, tarde o temprano, no será lo último que tenga que injertarme en este cuerpo serrano si quiero alcanzar esa pretendida inmortalidad mitológica solo reservada -hasta ahora- a los semidioses.

Seguir leyendo

Veintiuno

El pesimista se queja del viento; el optimista espera que calme; el realista ajusta las velas” (Willian Arthur Ward)

Verdad es que a punto estemos de despedir el veintiún año gregoriano de este tormentoso siglo XXI y, aún alérgico como soy a la numerología y a cualesquiera de las tantas formas de la superstición u otras cábalas, no me resisto a encabezar este escrito con tan sincrónico numeral, incrustado en la realidad de un mundo que inicia este veintiuno de diciembre su invierno boreal. Inmersos como estamos en tamañas turbulencias, bien haríamos en ajustar las velas a este nuevo contexto para, rulado el viento, poner proa al sotavento de la adversidad (económica, social, política, medioambiental sanitaria, cultural…) que viene soplando con fuerza contra nosotros, en esforzada ceñida realista que nos lleve a surcar nuevas rutas en este crucial tránsito por los siete mares de nuestra corta existencia. Singladura vital que -al tiempo- vaya dejando tras de sí su deleble rastro, una estela de espuma tal que un halo de esperanza para nuestros hijos.

Seguir leyendo

Sur

 “Sólo me queda el goce de estar triste,

esa vana costumbre que me inclina

al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

(Jorge Luis Borges. Poema 1964, terceto final)

Poema de madurez en el que Borges muestra su resignación frente a la ceguera (entendida como metáfora de una pérdida) en donde el yo poético dialoga desde la melancolía añorando la propia visión como si su ausencia significara la ruptura de una larga y amorosa relación sentimental, pasando así -simbólicamente- de la claridad a una oscuridad que le acerca a la muerte. En este último verso citado, no obstante, parece consolarse mediante la paradójica licencia de aceptar el goce de estar triste, para acabar evocando su querencia al Sur (hacia un Buenos Aires recordado) inmerso en esa contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura… Al igual que el maestro yo también me siento inclinado al Sur, en busca de la clara luna y los lentos jardines olvidados en cierta puerta, en cierta esquina de una juventud perdida. Sevilla, o sea.

Seguir leyendo

León

África-Hispania-Irlanda: ésta era una ruta dorada por la que el conocimiento de la Antigüedad alcanzó la Edad Media” (John M. Wallace-Hadrill)

Tal como recoge el historiador medievalista Sánchez-Albornoz en su erudita obra “Una ciudad de la España cristiana hace mil años”, en los albores del primer milenio se vino en forjar sobre la romana Legio una urbe en la que hombres y mujeres -como hoy, como siempre- luchaban denodadamente para ser felices en su intento por labrar un futuro mejor para sus hijos. En aquél tiempo esa vida se fraguaba al calor de la Reconquista, desde un reino astur-leonés regido por genuinos monarcas ibéricos (Garcías, Ordoños, Alfonsos, Ramiros, Sanchos… incluida sea la indómita Urraca, así llamada La Temeraria) asentados en una corte de León convertida en la nueva cabeza del reino. 

Seguir leyendo