Canaria`s

Por doquiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela” (Benito Pérez Galdós)

Si Homero levantara la cabeza y viera que Hermes -el que fuera heraldo de los dioses- es un bolso, si no una corbata, pensaría que para ese viaje no merecía la pena haber escrito La Odisa ni enviado a Ulises a semejante periplo donde toparse con la furia de Poseidón y llegar al Averno a través de las míticas islas de Calipso, de Eolo, de los Lestrigones o de Circe hasta volver a Ítaca, su patria, con la enamorada Penélope. Hoy soy yo, un simple mortal, el que de nuevo se dirige a esas islas afortunadas aerotransportado sobre un Atlántico que ya nada tiene que ver con aquella travesía a lo desconocido -allende las columnas de Hércules- rumbo a esos míticos lugares australes hacia donde hubo de navegar nuestro héroe. Valga como ejemplo de esta regresión anunciada el que, para este viaje nada iniciático, vengo calzado nada menos que por Nike, la alada diosa griega de la Victoria ¿podremos caer más bajo?

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Madriles

Madrid es una gran ciudad, o por lo menos una ciudad grande” (Francisco Umbral)

Siempre que voy a Madrid me recuerdo como aquél estudiante que, cuando entonces, arribara a la gran ciudad advertido de un perceptible aire paleto y al que inopinadamente, casi sin querer, se le fuesen borrando -al menos a la vista- las traicioneras marcas de la boina al tiempo que se desprendían otras divisas no menos delatoras, esas que cuelgan de los propios prejuicios como si de inseparables compañeros de viaje se tratasen. Así es como, modernizado adecuadamente, al correr de los años seguí frecuentado la capital del Reino con renovado desparpajo social y también ¿porqué no decirlo? cultural. Actitud en nada parecida -más bien contraria- a ese incívico modus operandi  desplegado por la mayoría de los tantos y tan achispados turistas que, cual rebaño, vemos hoy abrevar en las numerosas tabernas que salpican las itinerantes cañadas trazadas por las turoperadoras. Heme aquí pues una vez más, sin agencia que pastoree mi gira, dispuesto a dejarme sorprender por este gran poblachón manchego (Azorín) que esconde intramuros diversos e inesperados Madriles.

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