Almas

«Las religiones y las filosofías pasan, el aceite de oliva permanece”          (El mono calvo)

En un relato de Italo Calvino uno de sus personajes, en su habitual paseo por el acantilado, observa cómo una mano asoma por una ventana de la gran cárcel hacia el mar. Ese hecho banal lo llega a interpretar, no como una señal del preso hacia su persona sino como una señal que venía de la piedra, como si la mano hubiese salido de la roca para advertirle de que la sustancia de la roca era común a la suya propia y que por ello algo de lo que constituye su persona perduraría, no se perdería con el fin del mundo. Ante ello el personaje concluye que: sería posible una comunicación en el desierto carente de vida, carente de mi vida y de todo recuerdo mío. Seguir leyendo