Mujeres

«Las mujeres constituyen el único grupo explotado en la historia que ha sido idealizado hasta la impotencia» (Erica Jong)

Cuando releí esta conocida cita, al poco de haber comenzado a redactar este post, sentí un estremecimiento de emoción (un escalofrío de placer intelectual) al constatar que alguien ya antes había extractado en poco más de una línea todo cuanto yo había estado intentado trasmitir en la parrafada que acababa de escribir, una entradilla de posicionamiento personal, y que rezaba y reza así: Es llegada la hora de liberarse de esa peripecia de la mujer en la rueda de la fortuna del mito, de ese enredo en la que ha sido interesadamente condenada a un papel tan vicario como visceral. Eva surgió de una costilla de Adán (si el Génesis lo hubiera escrito Séfora, la mujer de Moisés, habríamos leído “Al sexto día, Dios creó a Eva y desde sus entrañas surgió Adán”, un relato más consistente porque todos llegamos a este mundo atravesando a una mujer cuyo cuerpo, glorificado o satanizado, se ha convertido en una neurosis masculina en el arte y en la religión); Afrodita (diosa griega del amor, que representa el sexo y la fecundidad) emergió del mar al que habían arrojado los genitales de su padre Urano y, en el colmo de la obsesión patológica (como una forma de locura) surge el dogma de la virginidad inmaculada de la madre del Mesías. En definitiva, la mistificación sistemática como falseamiento por elevación que evita el reconocimiento de la realidad, la de una existencia que contempla cómo durante al menos 3.500 años (por no referirnos a los 40.000 de la historia del hombre actual) la mujer ha sido generalmente sometida, explotada, considerada como patrimonio del varón, objeto de placer o animal de carga. Seguir leyendo

Redes

«La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad» (Umberto Eco)

En su última novela “Número cero” (Numero zero, 2015), la historia de un editor que logra manipular a los poderosos por medio de un periódico que nunca sale a la luz, nos encontramos a un director confesando ante la redacción que “los periódicos nos cuentan lo que ya sabemos, por eso venden cada vez menos” (lo que, desde la llegada de la TV y la consiguiente transformación del homo sapiens en homo videns, intuíamos) y a un aguerrido reportero proclamando que “los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias” utilizando para ello el disolutivo método de ahogarlas por inundación, algo que posteriormente Internet se ha encargado de multiplicar hasta el paroxismo. En ese tono sarcástico tan característico el propio Umberto Eco ya había sentenciado que “Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”. Un diagnóstico radical pero útil que nos debe servir como aviso a navegantes (nunca mejor dicho) en nuestras singladuras por la red de redes. Opinión dada por voz muy autorizada contra la que no dispongo de la fuerza moral suficiente como para rebatirla, pero sí del ánimo necesario para esforzarme por evitar quedar afiliado en alguno de sus disfemismos (tonto, imbécil, idiota o necio). Seguir leyendo