Sectas

Los fanáticos crean un ensueño y lo convierten en el paraíso de su secta” (John Keats)

 Sabemos que el tamaño del cerebro humano ha ido aumentado de forma gradual y constante en los últimos tres millones de años y, en su evolución, el córtex (donde radica la inteligencia) se fue sobreponiendo paulatinamente a los primitivos bulbos del sistema límbico (que gobiernan nuestras emociones) y nos emparentan con el Australopithecus, por no decir con las lagartijas. Aún así no se ha llegado a una fase evolutiva suficiente como para evitar que los humanos nos conduzcamos por prejuicios, que nuestras decisiones o afiliaciones (y consecuentes filiaciones) no se fundamenten en razones, sino en propensiones emocionales que luego (solo a posteriori) intentan racionalizarse. Nos encontramos por ello en un estadio de la evolución en la que los individuos de nuestra especie, definidos aristotélicamente como animales racionales, más bien seamos unos animales emocionales intentando (con desigual éxito) convertirnos en racionales. Seguir leyendo