Pellejo

«Nada hay más profundo que la piel» (Paul Valéry)

Venía de ver en el Kursaal de San Sebastián la propuesta de la artista palentina Marina Núñez bajo el sugestivo título de Sin piel, exposición concebida específicamente para la sala Kubo, que nos adentra en un universo visual desde donde llegar a cuestionar las fronteras entre la naturaleza, el artificio y el hombre -la mujer, para el caso- dejando así, como el que no quiere la cosa, difuminados los límites de la propia identidad. Cuerpos flotando en la ambigüedad de lo liminal, esa zona en la que algo deja de ser lo que es -lo que era- para transformarse en otra cosa, fluyendo a través de la parte más humana de nuestro cuerpo -la piel- esa recurrente frontera que, a la misma vez que nos aísla, nos conecta con el exterior. Mientras transito esa aparente dualidad, en mi condición de persona “profundamente superficial” (Warhol) que huye de los enredos de lo superficialmente profundo, busco la dimensión insondable en las vibrantes experiencias corporeizadas a través de esa fina envoltura que nos cobija.

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Identidades

La cultura es el ejercicio profundo de la identidad” (Julio Cortázar)

Hace unos días me hicieron o -por mejor decir- lo intentaron, una de esas encuestas telefónicas de opinión (ese decisivo instrumento al que recurren todos los que entienden la democracia como una forma –un abuso, según Borges- de la estadística) sobre los sentimientos identitarios concitados en función exclusiva del lugar de nacimiento o, llegado el caso, el de la residencia habitual. La entrevistadora me conminaba a que le revelase el grado comparativo (más-igual-menos) de pertenencia que sentía hacia mi pueblo (representado para el caso en la Autonomía) en relación con el de la nación (del Estado, según la susodicha), así, a palo seco y sin mayores adornos. Sospecho que la contestación que en aquél momento improvisé no encontrara acomodo apropiado en las casillas de su modelo de cuestionario, mas aprovecho la circunstancia para abrir una reflexión sobre la Identidad, ésta sí con mayúscula que, al tiempo, pueda servir a la consultora como respuesta por elevación a su fallido sondeo.

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Espejos

«Cuando un mono se mira al espejo, ve un mono. En eso son superiores a los humanos” (Jean Cocteau)

El mismo Jean Cocteau que en su película sobre el mito de Orfeo (Orphée, 1950) el ángel guardián Heurtebise (amor y salvación al mismo tiempo) revela el misterio anunciando que los espejos “son las puertas por las que la muerte va y viene. Mira toda la vida en un espejo y verás la muerte trabajar como las abejas en una colmena”. Nos enfrenta así a la realidad de lo humano y su finitud: la imagen de la muerte trabajando. Del mismo modo que el cine, el espejo refleja lo que no se ve, devolviéndonos una realidad latente y oculta. Seguir leyendo