Tendencias

La evolución biológica es parte del proceso de decaimiento que tiende a reducir el intervalo informacional entre las tendencias potenciales y las reales” (Murray Gell-Mann en El quark y el jaguar: aventuras en lo simple y lo complejo)

Hace algunos años -cinco millones, mal contados- se produjo aquella primera sutil divergencia entre los monos antropomorfos (chimpancés al fin, anteriormente bifurcados de los gorilas o los orangutanes) y nuestro linaje humano, en ese largo y tortuoso proceso al que llamamos hominización. Hubieron de transcurrir otros pocos millones desde la aparición de aquél australopithecus vegetariano para, metidos ya en el Pleistoceno, reconocer entre aquellos primates homínidos un primer individuo asignable al género Homo: el omnívoro habilis, provisto el nota de una cabeza notable (por voluminosa) producto de su primitiva pero ya marcada cefalización craneal. Le seguirían un numeroso grupo de antepasados conocidos (ergasterserectus…) a cual más cabezón, además de los incontables eslabones o, por mejor decir, ramales perdidos. Apenas hace un millón de años que nos topáramos con un antecessor caníbal capaz de conservar el fuego y menos de doscientos mil para darnos de bruces con nuestros parientes neanderthalensis, a los que sobrevivimos en exclusiva como sapiens para acabar caracterizándonos redundantemente -penúltimos milenios- como sapiens sapiens. Mucho nombre para unos “cabezas” mutados, dicho por lo bruto y sin anestesia, en lo que presumiblemente ya nos hayamos convertido: una plaga dispar de individuos sin “conciencia crítica de especie” (E. Carbonell) dispuestos en tribus con las que ir haciéndose sitio entre codazos por arramblar con los restos de un planeta exhausto.

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Martillos

Supongo que es tentador, si solo tienes un martillo, tratar a todo como si fuera un clavo” (Abraham Maslow)

 Puede resultar en verdad tentador, a más de desahogado, intentar explicar y solucionarlo todo con una sola herramienta con la que nos sintamos cómodos o familiarizados, sea ésta un martillo, una teoría, idea, prejuicio o creencia. Sirva como metáfora de la actualidad el citado aforismo, una proposición atribuible a Mark Twain (incluso a Oscar Wilde) que Maslow popularizara y que su tocayo, el filósofo conductista Kaplan, la acabaría expresando más gráficamente si cabe: “si le das a un niño un martillo, le parecerá que todo lo que encuentra necesita un golpe”. En cualquier de sus formas nos estamos refiriendo a lo mismo, la conocida en psicología como ley del martillo que luego se etiquetara por lo fino como Observación de Baruch, en honor a Bernard Baruch de los Baruch de toda la vida. Seguir leyendo

Catarsis

Lo tan real, hoy lunes” (Jorge Guillén)

 Quién hubiera sospechado siquiera que en este comienzo de la primavera seríamos forzados a contemplar en primera línea (en vivo y en directo) la inauguración de este nuevo siglo, bien que con dos décadas de retraso, mediante el sencillo gesto de desviar la mirada del televisor y sus mundos de Yupi, estirar el cuello y asomar la molondra por nuestras ventanas con vistas directas a la realidad. Espectadores de una sobrevenida y desconcertante adversidad reconvertidos a su vez en sus desconcertados protagonistas o, por mejor decir, coprotagonistas condenados a contemplar la escena sin movernos de los asientos, disciplinadamente dispuestos a verlas venir. Seguir leyendo