León

África-Hispania-Irlanda: ésta era una ruta dorada por la que el conocimiento de la Antigüedad alcanzó la Edad Media” (John M. Wallace-Hadrill)

Tal como recoge el historiador medievalista Sánchez-Albornoz en su erudita obra “Una ciudad de la España cristiana hace mil años”, en los albores del primer milenio se vino en forjar sobre la romana Legio una urbe en la que hombres y mujeres -como hoy, como siempre- luchaban denodadamente para ser felices en su intento por labrar un futuro mejor para sus hijos. En aquél tiempo esa vida se fraguaba al calor de la Reconquista, desde un reino astur-leonés regido por genuinos monarcas ibéricos (Garcías, Ordoños, Alfonsos, Ramiros, Sanchos… incluida sea la indómita Urraca, así llamada La Temeraria) asentados en una corte de León convertida en la nueva cabeza del reino. 

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Mediterráneamente

Solo la música está a la altura del mar” (Albert Camus)

Los que nos enamoramos oyendo a Serrat cantar poéticamente a un Mediterráneo femenino y  núbil “te acercas, y te vas / después de besar mi aldea / jugando con la marea / te vas, pensando en volver / eres como una mujer…” volvemos repetidamente a sus orillas con un vano anhelo por ver si, amontonado en la arena, aún queda rastro de aquél primer amor que dejáramos olvidado bajo una luz y un olor que ya nos acompañarían para siempre y ¡mira por dónde! resulta que ahora ese azul y ese mar nos lo encontramos machacona y “mediterráneamente” transfigurado en adverbio de modo (de los terminados en mente) como leitmotiv de un relamido anuncio de cervezas.

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Canaria`s

Por doquiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela” (Benito Pérez Galdós)

Si Homero levantara la cabeza y viera que Hermes -el que fuera heraldo de los dioses- es un bolso, si no una corbata, pensaría que para ese viaje no merecía la pena haber escrito La Odisa ni enviado a Ulises a semejante periplo donde toparse con la furia de Poseidón y llegar al Averno a través de las míticas islas de Calipso, de Eolo, de los Lestrigones o de Circe hasta volver a Ítaca, su patria, con la enamorada Penélope. Hoy soy yo, un simple mortal, el que de nuevo se dirige a esas islas afortunadas aerotransportado sobre un Atlántico que ya nada tiene que ver con aquella travesía a lo desconocido -allende las columnas de Hércules- rumbo a esos míticos lugares australes hacia donde hubo de navegar nuestro héroe. Valga como ejemplo de esta regresión anunciada el que, para este viaje nada iniciático, vengo calzado nada menos que por Nike, la alada diosa griega de la Victoria ¿podremos caer más bajo?

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Agosto

Agosto.

Contraponientes

de melocotón y azúcar,

y el sol dentro de la tarde,

como el hueso en una fruta.

Agosto… (Federico García Lorca) 

Desde el jardín, con esa dulce luz de fruta anunciando septiembre, despido este agosto de un año en el que el mundo parece haber girado al revés. Hube de aprovechar que la inercia seguía empujando hacia delante para reiterarme en la consuetudinaria costumbre de cada verano por disfrutar el mes de vacaciones, buscando aparentar que aquí no hubiese pasado nada, para terminar comprobando que el mundo -tanto aquí como allí- ha cambiado y mucho. Así, los esforzados en continuar el curso de la marcha quedan frenados por la resaca de una marea que les conmina a retroceder. Ésta que sigue no es sino la intrahistoria de esa constatación, retazos desgajados de la memoria cual algas abandonadas por la marea tras la primera tormenta del verano.

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Olivos

Campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos” (Antonio Machado)

 Este pasado otoño, con la excusa de disfrutar unos días visitando el monumental conjunto renacentista de Úbeda-Baeza, he podido aprovechar para recorrer de nuevo, despaciosamente, los vastos paisajes que en un tiempo ya lejano dejaran honda huella en mi recuerdo, rastros que ahora ansío recuperar. Vuelvo así a transitar los caminos de ese otro sur interior, en largo discurrir por entre los anchos parajes donde la niebla tenue del alba desdibuja los sinuosos perfiles delineados por colinas salpicadas de blancos cortijos machadianos, difuminando en plata la geometría verde y oro de sus olivos centenarios. Un panorama de belleza recurrente, diluido en esa luz vaporosa que tiñe de acuarela impresionista su ondulante sensualidad, a la vez agreste y sutil. Seguir leyendo

Travesía

Toda forma de belleza tiende a ser violada ” (Rafael Arozarena, Mararía)

 En el transcurso de este verano he culminado, sin habérmelo propuesto, un periplo paralelo al que Michel Houellebecq le hace transitar al obsesivo Florent-Claude Labrouste, álter ego y protagonista de su última novela Serotonina. Un itinerario que, partiendo de las soleadas playas del Mediterráneo, atraviesa España en tan solo dos etapas para seguir recorriendo Francia de sur a norte hasta llegar a París y acabar recalando en las costas de esa Normandía donde, hace ahora setenta y cinco años, renació la Europa actual. En el libro, el recorrido le sirve al autor para desplegar con lúcida desesperanza una crónica despiadada de la decadente sociedad posmoderna; en mi travesía, por el contrario, el único empeño ha consistido en mantenerme muy atento a los aspectos menos venales -y banales- de las cosas,  avizorando la mirada en recónditos intersticios donde cupiera ocultarse alguna forma de belleza inviolada. Seguir leyendo