Hábitat

Vivir es buscar el lugar donde poder amar” (Joan Margarit)

Hasta ayer por la tarde, tanto la noción de hábitat como la del subsiguiente posicionamiento en el nicho ecológico de cada especie (humanos incluidos) se habían venido considerando asuntos connaturalmente inseparables de sus ecosistemas. Ahora bien, desde que hace medio siglo pisamos la luna, nos hemos ido viniendo arriba y hoy es el día en que las misiones espaciales se suceden como churros, promovidas por las agencias estatales de los de siempre (el aún hegemónico EEUU o la inasequible Rusia) con Europa en su papel de actor secundario e India en plan low cost, a los que últimamente se les están uniendo los nuevo ricos (China y Emiratos) que, para no variar, gastan las mismas o parecidas ansias colonizadoras que sus predecesores. Así, apenas hace unos días pudimos ver en directo aterrizar (amartizar suena algo forzado) al robot Perseverance en el planeta rojo, retransmitido en un vibrante español por jóvenes (a más de inteligentes y bellas) ingenieras latinas de la NASA. Por si ello fuera poco, la iniciativa privada ha llegado para quedarse y aventurados (más por peligrosos que por aventureros) magnates globalistas como Elon Musk, Jeff Bezos… u otros de parecido pelaje, hace ya algún tiempo que anunciaron sus planes para, mañana mejor que trasmañana, llegar a establecer asentamientos humanos. Cuestiones unas y otras que, aún conteniendo en sí profusas y variadas lecturas, pareciesen estar pidiendo a gritos una reflexión sobre los actuales límites o futuros confines del hábitat humano (lo de las ingenieras latinas merece artículo aparte).

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Tendencias

La evolución biológica es parte del proceso de decaimiento que tiende a reducir el intervalo informacional entre las tendencias potenciales y las reales” (Murray Gell-Mann en El quark y el jaguar: aventuras en lo simple y lo complejo)

Hace algunos años -cinco millones, mal contados- se produjo aquella primera sutil divergencia entre los monos antropomorfos (chimpancés al fin, anteriormente bifurcados de los gorilas o los orangutanes) y nuestro linaje humano, en ese largo y tortuoso proceso al que llamamos hominización. Hubieron de transcurrir otros pocos millones desde la aparición de aquél australopithecus vegetariano para, metidos ya en el Pleistoceno, reconocer entre aquellos primates homínidos un primer individuo asignable al género Homo: el omnívoro habilis, provisto el nota de una cabeza notable (por voluminosa) producto de su primitiva pero ya marcada cefalización craneal. Le seguirían un numeroso grupo de antepasados conocidos (ergasterserectus…) a cual más cabezón, además de los incontables eslabones o, por mejor decir, ramales perdidos. Apenas hace un millón de años que nos topáramos con un antecessor caníbal capaz de conservar el fuego y menos de doscientos mil para darnos de bruces con nuestros parientes neanderthalensis, a los que sobrevivimos en exclusiva como sapiens para acabar caracterizándonos redundantemente -penúltimos milenios- como sapiens sapiens. Mucho nombre para unos “cabezas” mutados, dicho por lo bruto y sin anestesia, en lo que presumiblemente ya nos hayamos convertido: una plaga dispar de individuos sin “conciencia crítica de especie” (E. Carbonell) dispuestos en tribus con las que ir haciéndose sitio entre codazos por arramblar con los restos de un planeta exhausto.

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Siglos

¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas y el jazz?

¿ Qué fue del siglo XX?

¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del “no pasarán”?

Ya se  han quedado atrás…

¿Qué fue del siglo XX?. Estribillo (091, banda de rock español)

 El vocalista, con voz desgarrada pero con su deje de melancolía, sigue preguntándose qué fue de ello, dónde están “las guitarras eléctricas y el LSD, los uniformes fascistas y Juan XXIII, la Beatlemanía o la foto del Che / Un Rolls, un picasso, un misil nuclear, los duros de Franco, los hermanos Marx, el libro de Mao ¿recuerdas Vietnam? / El hombre en la luna y el apartheid, obreros en lucha y el gran Elmore James, la caza de brujas, la sota y el rey / Sé que E es igual a mc al cuadrado (E=mc2), sé que Minnie es la novia de Micky Mouse, sé que tú, sé que yo, estamos desesperados”, y vuelta al estribillo: “¿Qué fue de King Kong…” En fin, una foto-radiografía del siglo en cuatro líneas que no la supera ni el Nobel Günter Grass en esa su colección de cien relatos intercambiados consigo mismo que es “Mi siglo”, antes de enredarse a desgajar los episodios de su vida en “Pelando la cebolla” y acabar descubriendo su autoinculpado pecado de juventud. Seguir leyendo

Catarsis

Lo tan real, hoy lunes” (Jorge Guillén)

 Quién hubiera sospechado siquiera que en este comienzo de la primavera seríamos forzados a contemplar en primera línea (en vivo y en directo) la inauguración de este nuevo siglo, bien que con dos décadas de retraso, mediante el sencillo gesto de desviar la mirada del televisor y sus mundos de Yupi, estirar el cuello y asomar la molondra por nuestras ventanas con vistas directas a la realidad. Espectadores de una sobrevenida y desconcertante adversidad reconvertidos a su vez en sus desconcertados protagonistas o, por mejor decir, coprotagonistas condenados a contemplar la escena sin movernos de los asientos, disciplinadamente dispuestos a verlas venir. Seguir leyendo

Mañana

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida” (Woody Allen)

 Un día más me he levantado con la emocionada intención de volver a ser feliz tal como creí haberlo sido en un pasado soñado, enfrentarme con júbilo a ese único futuro tangible que es el hoy o, como mucho, un mañana donde quepa la eternidad entera. Algo habrá tenido que ver el que estas últimas semanas me las haya pasado recobrando -más que buscando- mi propio tiempo perdido, inmerso en el universo proustiano mientras leía los ¡siete tomos! de esa su novela-catedral1, la cual -por si cupiera alguna duda- me ratifica en algo que, no por intuido, conviene tenerlo siempre bien presente: que todo es finito, que el universo y la perpetuidad caben en una brizna de hierba o que solo nuestros sueños e ilusiones pueden aspirar a la eternidad. Una infinitud sustentada en la esperanza de que perdure al menos este fin de semana, o sea, mañana. Seguir leyendo